The smokers

En otro tiempo constituían la raza dominante en la Tierra. Se contaban por millones y su irresistible encanto y sofisticación les hacían ser reverenciados como deidades. Ejercían una tiranía basada en el miedo del resto de habitantes del planeta para campar a sus anchas, haciendo y deshaciendo a su antojo. Pero eran otros tiempos.

En la actualidad, después de una revolución silenciosa que fue ganando adeptos de forma lenta y progresiva, los smokers1 han perdido su poder. Se han convertido en parias, en refugiados que vagan mezclados entre el resto de los ciudadanos, buscando siempre a sus semejantes para recordar tiempos mejores. Viven de la caridad de aquellos a quienes oprimían no hace tanto, los cuales, en un gesto de generosidad, les permiten ejercer su actividad en lugares y momento restringidos.

―Señoras y señores, préstenme atención por favor ―se oye a través de los gastados altavoces de la megafonía del vagón―. A continuación se efectuará una parada de cinco minutos para smokers. Todo aquel que lo desee podrá bajar al andén y situarse en la zona habilitada para fumadores. Por favor, no enciendan sus cigarrillos hasta haberse situado en dicha zona. Les recordamos que deben vigilar sus pertenencias y que Amtrak no se hace responsable de los robos y extravíos que pudieran darse durante la parada. Gracias por su atención.

En cuestión de segundos, el pasillo del vagón se llena de smokers. Durante todo el tiempo han permanecido ocultos entre los demás, pero ahora es el momento de dejarse ver. Con el tren todavía en marcha se van acumulando mientras juguetean impacientes con sus cigarrillos apagados.

El tren se detiene al fin y los smokers van bajando en orden y disponiéndose en perfecta armonía en un pequeño trozo de suelo marcado con líneas amarillas.

Sin embargo, entre ellos se oculta alguien que no pertenece al clan. Se trata de alguien que se ha incorporado a la fila sosegadamente y con las manos vacías. Avanza con ellos a lo largo del pasillo, baja del vagón y se estira. Al llegar a la línea amarilla que delimita el territorio smoker se detiene. No tiene intención de cruzar esa frontera. Permanece de pie a escasos centímetros de la raya y observa a los smokers mientras encienden sus cigarrillos. Espera paciente a que todos hayan llenado sus pulmones de humo para quitarse la máscara y dar a conocer su verdadera naturaleza. Con un rictus desafiante, el extraño se tumba en el suelo con un gesto mecánico y comienza a hacer ejercicio. Los smokers le miran con asombro. Aunque todos han oído hablar de ellos, no es habitual ver a un abdominator.

1 Fumadores.