Porque está ahí

A finales de 1923, George Herbert Leigh Mallory estaba de gira por Sudamérica promocionando su tercera expedición con destino al monte Everest. Las dos tentativas anteriores habían terminado en fracaso, pero eso no hizo más que aumentar su obstinación por ser el primer hombre en coronar el gigante. Cuando un periodista le preguntó por qué estaba tan obsesionado en llegar a lo más alto de la montaña, Mallory se limitó a responder: «porque está ahí».

Un año más tarde, el ocho de junio de 1924, salió del campamento C6 con su mochila a la espalda y con la intención de cumplir la promesa que tiempo antes hizo a su mujer: dejar su foto en la cima del mundo.

Jamás se le volvió a ver con vida.

El uno de mayo de 1999, casi setenta y cinco años después de aquello, una expedición encontró su cuerpo en perfecto estado de conservación a quinientos veintiún metros de la cumbre. Tenía rotas la tibia y el fémur de la pierna izquierda. Aún hoy no hay forma de saber si llegó a cumplir su sueño.

Entre las últimas notas que escribió antes de partir del campamento se halló la siguiente:

«La suerte está echada. De nuevo, por última vez, avanzamos por el glaciar de Rongbuk en pos de la victoria o de la derrota final».

Entre las ropas del cadáver de Mallory nunca se encontró la foto de su mujer.