De la tristeza

Jamás vi una cara más triste (ni siquiera a la niña de los ojos tristes). Rodeada del jaleo del parque, avanza envuelta en un silencio espeso. Empuja un carrito de bebé, uno de esos de dos asientos. En uno de ellos, un precioso niño de mofletes de magdalena, ojos claros y pelón, zarandea una ballenita azul mientras ríe y mira a todos con curiosidad. En el otro asiento, nadie.